En el día ella es una gata juiciosa, de mirada tierna, cariñosa, le gusta dormir mucho en tapetes suaves, en las almohadas, en cojines finos, en muebles de una tapicería impecable. Le encanta mirar a sus amos a los ojos, sentárseles en las piernas para que estos la acaricien, para que la sientan, que vean que ella está allí, ofreciendo ese cariño que le brota del fondo de su ser y que quiere desbordarlo en esas personas tan valiosas en su vida, tan especiales en su día a día porque son su razón de ser, aún si estas personas no le brindan sus caricias ella no se rinde, va tras ellos y rosa su cuerpo contra sus piernas, para de esa manera sentirlos, para que ellos la sientan. Ella está cargada de un sentimiento lindo, inmenso, sentimientos tan suaves como su pelaje, como sus movimientos cuidadosos pero ágiles.
La noche es esa señal, el abracadabra que dispara un sentimiento, una agonía que hace que algo más que su pupila se dilate y nazcan unas ganas tremendas de salir a la calle, de escaparse. Su cerebro actúa en función de encontrar en medio de su encierro, la más mínima oportunidad, ese espacio, esa rendija para poder liberarse, para poder maullar bajo la luz de la luna, bajo las lúgubres luces amarillentas del alumbrado público, para corretear a aquellos gatos que se posan en un bordillo creyéndose los dueños del territorio, de los ratones, de las lagartijas y bichos exquisitos.
Ella quiere estar allí, atendiendo el llamado de sus instintos, de sus ansias. Muchas cosas curiosas pasan por la mente de su yo gatuno pero el miedo está allí, haciendo que sus ojos se muevan de un lado al otro, llenos de inseguridades, con su corazón palpitando fuerte, con la adrenalina al máximo, su mente no solo valora el riesgo sino que también piensa que quiere vivir antes de morir o morir viviendo, experimentando nuevas sensaciones, nuevas emociones.
Aquella voz de “atrévete, te”, se hace más fuerte, más fuerte que su cariño y amor hacia sus amos por quienes daría sus siete vidas sin dudarlo, esa voz se hace más fuerte que su voluntad de ser aún en la noche una gata buena, de su casa, esa gata que sus amos anhelan tener, esa voz la lleva a ignorar las señales de peligro y se arriesga. El deseo que brota de sus entrañas y que no se puede entender, la lleva a hacer cosas temerarias, también cosas que desafían sus principios y valores, los valores y principios de otros y aunque algunas vivencias las recuerda con cariño, con deseo, con morbo, otras las recuerda con vergüenza, arrepentimientos, remordimientos de conciencia. Hay tantas experiencias vividas que así como la noche, han traído oscuridad a su vida, pero cosas que al final de cuentas hacen parte de ella. La montaña rusa de sentimientos que acaecen en cada lapso del día y de la noche son lo que ella es esencia, UNA GATA.
Alberticojose
http://alberticojose.blogspot.com
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