miércoles, 27 de junio de 2012

Ese día de enero, nuestro adiós.


Ese día de enero, presentí que era la última vez que te vería, las últimas 3 o 4 veces que nos vimos tu salías llorando como una magdalena porque se acercaba la fecha del adiós, me decías que te costaba despedirte porque no te querías ir, no resistías tener que esperar una o varias semanas para volverme a ver, y ya no aguantabas que las cosas entre nosotros fueran así. Esta vez el llorón fui yo pero tú no te diste cuenta, camuflé mis lágrimas en la oscuridad mientras te abrazaba fuerte en aquel bohío. Te noté tranquila, quizá habías llorado tanto, que se te acabaron las lágrimas y estabas preparada para ese momento, quería darte oficialmente el adiós en una especie de ceremonia, sentarme un par de horas a hablar contigo y conversar de nuestras vidas alejados el uno del otro, pero no fue así, simplemente dejaste de contestar mis llamadas, mis mensajes de texto, mis correos y un día recibí un mensajito pidiéndome que no te buscara más, que si te quería, te dejara en paz ya que habías tomado una decisión irrevocable y le habías prometido a Dios que te alejarías de mi, “tu pecado”, eso a cambio de volver a tener esa vida tranquila de la que te quejabas.

La verdad es que no ha sido fácil despedirme, más  porque no tuve la oportunidad de decírtelo de frente, ha pasado tiempo y aún no te he olvidado, aún siento cosas por ti, cuando estoy en un centro comercial miro a todas partes a ver si el destino me ofrece la oportunidad de verte otra vez, de saludarte, de saber que estas bien, de saber que Dios ha colmado tu vida de  esas bendiciones que tanto anhelabas, que tanto te mereces porque a pesar de  todo eres una gran persona, una gran mujer, eres digna de recibir todo lo bueno aunque tu lo dudes.

He estado a unas cuadras de tu casa pero no he sido capaz de llegar hasta allá y preguntar por ti, sin embargo he deseado con el alma que tú salgas al parque mientras yo estoy allí, pero el destino no ha sido mi mejor aliado.

Cuando un carro blanco pasa por mi casa, creo que eres tú qué quieres verme y salgo corriendo para que me encuentres.

Yo no me he quedado llorándote todo el tiempo, la verdad es que he conocido gente agradable, me he involucrado con otras mujeres, en ellas no he estado buscándote, he disfrutado el tiempo que compartí con ellas, pero cuando he quedado nuevamente solo, es tu recuerdo quien me acompaña. Aunque has sido para mí una mujer súper especial, ya no quiero tu recuerdo persiguiéndome, no quiero seguir  fantaseando con volverte a ver o recreando mi vida en un universo alternativo en el que no nos separe ese plan vida que idealizaste  desde niña, un universo alternativo en el que no nos separen esas ataduras, esas prioridades y ese sentido de sacrificio por el bien  de tus seres queridos, que en su conjunto son más fuertes que tus sentimientos, tu descontrol y tus deseos hacia mí. Una vez me dijiste que antes eras una mujer ejemplar,  y que los malos pensamientos solo eran eso, pero esos malos pensamientos se convirtieron en una realidad cargada de lujuria al conocerme, me contaste que perdiste el cielo y tu destino será el infierno, pero que no te arrepientes del todo porque sientes que es el lugar más apropiado para reencontrarnos,  tienes claro que allá iré yo por motivarte al delito, convertiremos a esa caldera en nuestro paraíso de pasión, haremos que arda más que de costumbre.Regresando a la realidad; te digo que no debo pensar en eso, tal vez cuando esté en el otro mundo lo  ponga entre mis prioridades: esperarte para que me cuentes de tu vida feliz, no me gustaría encontrarte apenas llegue allá, sería mejor arreglar las cosas y negociar previamente  con Lucifer para que tu estancia sea más agradable que la mía en tu ausencia, pero eso es después del llamado de la parca, por ahora debo pensar en esta vida, en vivirla sin ti.

La realidad que debo tener en mente de un futuro, es aquella en la que tal vez nos crucemos en el camino y aunque te des cuenta  de que estoy allí, caminando hacia ti, fingirás que solo soy una figura humana entre el montón de gente y seguirás de largo ignorando que algún día existí,  tal vez yo también siga de largo pensando en que debo dejarte en paz y hacerme a la idea que lo vivido contigo no fue más que un sueño, una mezcla de fantasías románticas y eróticas, una mujer que solo ha tenido vida entre algunas de mis letras.  No debo esperar que me abraces y te mueras por saber que ha sido de mi, debo eliminar cualquier tipo de ilusión asociada a ti porque no pasará y solo logrará prolongar mi adiós.

No sé si algún día borre los archivos que aún conservo del intercambio de correos y nuestras conversaciones, creo que tal vez solo los dejo y no los miro, quizá algún día necesite volverlos a ver para recordar que a pesar de los problemas y las distintas situaciones que se presenten en la vida, he tenido la fortuna de vivir cosas maravillosas, como lo que viví a tu lado.

Irónicamente el destino es cruel porque te conocí y no te pude tener del todo, pero por otro lado tuve la suerte de conocerte, y de haber compartido contigo un tiempo, un tiempo que fue maravilloso. Le doy gracias al destino por ponerte en mi camino y a ti por haber caminado a mi lado por un instante. De ti aprendí muchas cosas, ese cuento de que me las sabía todas era solo para impresionarte y hacerte sentir vulnerable ante mis tácticas de conquista y psicología de la seducción, en los meses que estuve contigo aprendí más que en muchos años de mi vida, cosas que me hacen una mejor persona, alguien más tolerante, más abierto a escuchar, a poner menos barreras, a darme la oportunidad de ver las cosas lindas que hay en cada persona, aunque aún tengo ciertos prejuicios, son mucho menos después de conocerte,  puntos suspensivos ..., mejor dejo este tema aquí porque me extiendo, mejor lo resumo en un: GRACIAS A TI POR HABER ESTADO ALLI EL TIEMPO QUE ESTUVISTE.



Como me gusta tanto la música dejo esta canción, quizá sea la segunda parte de la historia de otra persona quien  tuvo la fortuna de encontrarse a una Shakira en un día de enero precisamente después de vivir una despedida como la que viví contigo.



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